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OFFLINE

La palabra anglosajona offline, o lo que viene a decir, fuera de línea está aumentando su valor en la sociedad, conforme más online (en línea) estamos.

Cultivar la vida offline es una necesidad cada vez más acuciante frente a la corriente de vivir constantemente conectados. Son muchos los estudios que nos demuestran que no estamos utilizando los recursos tecnológicos a nuestro favor y que las adicciones están aumentando en este campo; El 50% de los adolescentes se consideran adictos al móvil. El 48% de los que pasan más de cinco horas con su teléfono ha reportado sentimientos de depresión, aislamiento o suicidio […] El 27% de los adultos se considera adictos; el 48% se ve en la necesidad de contestar inmediatamente a mensajes o alertas de sus redes sociales.

Aunque hay una pequeña corriente de personas que van en contra de la tendencia y optan por usar los teléfonos móviles solo cuando realmente son necesarios, la realidad es que la mayoría de la población consulta este dispositivo una media de 23 veces al día.  El FOMO "fear of missing out", es decir, "miedo a perderse algo” es algo totalmente extendido en la población. Unida a esta necesidad inminente de saber por los demás o por los cambios que ocurren en el mundo, nos encontramos con estampas diarias que son realmente tristes y algunas con las que podemos incluso reírnos a carcajadas por lo estúpidas que resultan. Solo necesitas tomarte unos minutos y observar a tu alrededor.

Dentro de esta vorágine tecnológica en la que nos sentimos en la obligación de están 24/7 conectados y disponibles para los demás, la realidad es que nos encontramos cada vez más aislados de los nuestros y de nosotros mismos. Pero poco a poco están surgiendo nuevas voces, nuevos movimientos que reivindican la necesidad de volver un poco a aquellos tiempos en los que hablábamos cara a cara, éramos capaces de saborear los alimentos que comíamos, nos aburríamos, quedábamos para tomar un café y hablar etc.

Una de estas iniciativas empezó como algo aislado en Ámsterdam y ya se ha extendido a otras ciudades del mundo, The Offline Club. Los fundadores crearon espacios sin móviles, reuniones íntimas y pequeñas donde la gente se reunió para leer, conversas, hacer manualidades, estudiar o tocar el piano. Estos encuentros les mostraron la necesidad y los beneficios de estos encuentros offline y empezaron a trabajar en la creación de una comunidad mayor. Crearon una web (https://linktr.ee/theofflineclub) y una agenda.     

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The Offline Club se ha expandido ya a Utrecht, Nimega, Haarlem, Paris, Londres, Dubai,  Barcelona y más ciudades alrededor del mundo y organiza incluso eventos especiales, con música en directo y comida, y escapadas de fin de semana de desconexión total en la naturaleza.

Pero no son los únicos en ver la necesidad y de crear propuestas alrededor del mundo. The Royal Oak es un pub ubicado en la localidad de Flint, en Gales del Norte, los móviles están prohibidos. Quienes se adentren en este local, podrá gozar de una buena pinta y una conversación, a la antigua.

Steven Tyler le ha dado otra vuelta de tuerca a la idea y cansado de observar a sus clientes inmersos solitariamente (aun estando en pareja o grupo) en sus teléfonos móviles, decidió anular el campo electromagnético en el interior del local y así bloquear la señal de los aparatos (en caso de emergencia, el bar cuenta con un teléfono fijo que permite llamar a la policía o a los servicios sanitarios).

La tecnología vino para quedarse, y usada de forma consciente y correcta nos reporta múltiples beneficios, pero no puede sustituir nunca a la vida de verdad, a la vida offline.