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QUIÉN ERES NO CABE EN UNA ETIQUETA

La imagen que os traigo hoy, fue tomada en una tienda de ropa cuando iba a cambiar una chaqueta que me regalaron y con la que no me encontraba cómoda. Las tiendas de ropa son un espacio en sí cotidiano para la mayoría de las personas,  pero también un  espacio de comparación y sufrimiento para otras.

Probadores, espejos, tallas, etiquetas y comparaciones constantes pueden convertirse en detonantes emocionales, especialmente para quienes conviven con un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) o con una relación difícil con su cuerpo y la alimentación. Por eso, encontrar un mensaje así en ese contexto tiene un valor simbólico y terapéutico que merece ser reflexionado.

Más allá del número: identidad y valor personal

En nuestra sociedad, el peso y la talla han adquirido un significado que va mucho más allá de su función objetiva. Se utilizan —de forma explícita o implícita— como indicadores de valía personal, autocontrol, éxito o fracaso. Este fenómeno es especialmente dañino en el ámbito de los TCA, donde la identidad puede quedar atrapada en un número: el de la báscula, la etiqueta de la ropa o la imagen reflejada en el espejo.

El mensaje de la fotografía confronta directamente esa idea: ni la talla ni el peso definen quién eres. Desde la psicología, esto conecta con un principio fundamental del trabajo terapéutico: separar a la persona de la enfermedad. Un cuerpo no es un currículum moral. Un número no explica la historia, el sufrimiento, las fortalezas ni los valores de alguien.

La actitud ante la vida: un concepto que puede acompañar la recuperación

Hablar de “actitud” no implica minimizar el dolor ni responsabilizar a la persona de su trastorno. En el contexto de los TCA, la actitud puede entenderse como la disposición interna a mirarse con más compasión, a cuestionar mandatos rígidos y a abrir espacio a formas más amables de relacionarse con el cuerpo y la comida.

La recuperación no pasa por “pensar en positivo”, sino por aprender a sostener la incomodidad, pedir ayuda, tolerar la incertidumbre y reconstruir la autoestima desde lugares más amplios que la apariencia física. En ese sentido, la actitud ante la vida no es una exigencia, sino un proceso que se va construyendo paso a paso, muchas veces acompañado por profesionales.

El contexto importa: por qué este mensaje en una tienda no es casual

Que este mensaje aparezca en una tienda de ropa no es irrelevante. Es precisamente en estos espacios donde más fácilmente se activan la comparación, la autoexigencia y la sensación de “no encajar”. Leer una frase que rompe con la lógica de la talla como identidad puede actuar como un pequeño anclaje: una pausa, una grieta en el discurso dominante. Una oportunidad para respirar y valorar ese dialogo interno con el que estamos luchando desde que entramos a la tienda, o desde que nos empezamos a desvestir delante del espejo.

Para algunas personas, puede ser solo una frase bonita. Para otras, puede ser un recordatorio necesario: no soy mi cuerpo, no soy mi peso, no soy mi talla. Y a veces, ese recordatorio llega en el momento justo.

Un mensaje alineado con una mirada terapéutica

Me alegro de poder ver este mensaje en la tienda de ropa de mi pueblo ya que este tipo de mensajes encajan con una visión respetuosa, humana y no centrada en el peso de la persona. Refuerzan la idea de que la recuperación no consiste en alcanzar un cuerpo concreto, sino en recuperar la vida: las relaciones, los intereses, la calma, la capacidad de disfrutar y de habitar el propio cuerpo sin violencia y autoexigencia.

Porque, al final, quién eres no cabe en una etiqueta. Y empezar a creerlo —aunque sea poco a poco— es un paso importante en el camino hacia una relación más sana contigo y con tu cuerpo.