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NUTRICIÓN-SALUD EN EL AULA (TESTIMONIO)

Hoy os traigo un testimonio de una chica con TCA que reflexiona sobre como se imparte el tema de la salud-nutrición en diversos colegios y su impacto sobre los estudiantes. A veces todo comienza con un simple ejercicio....

Lo recuerdo como si fuese ayer: el día en que llegue a clase, a 2º de la ESO, y nuestro profesor de inglés nos informó de que íbamos a empezar con una nueva unidad del libro, que tenía como tema principal la salud.

 El libro proponía, para empezar, que durante una semana llevásemos el registro de todo lo que comiésemos. Y yo, como estudiante que hacía sus tareas, lo hice sin cuestionarlo.

 Después, tenías que  contar las calorías que habías ingerido cada día, (sacando la información de una web en internet) y compararlo con la cantidad de calorías que el libro te decía que necesitabas, donde sólo se hacía distinción de sexo y actividad física. Fue inevitable que comparásemos  las calorías que ingería cada uno  con las que consumía el de al lado, y me dí cuenta de que mis cifras eran más altas que las de los demás. Fue en ese momento cuando empecé a pensar que a lo mejor comía demasiado, cuando la realidad era que estaba en un peso saludable y que ese conteo de calorías no estaba bien hecho. Por no hablar de que los nutricionistas de hoy en día afirman que el contar calorías no sirve, porque es muy inexacto y no refleja lo saludable o no saludable que es una dieta. 

Luego llegaba la parte donde tenías que clasificar los alimentos que habías comido en carbohidratos, lácteos, verduras y frutas, proteínas o “extras”.Tras la clasificación, el libro te pedía que valorases si tenías una dieta equilibrada o no según el modelo que te daban, cuando no consideraba ni las porciones, ni las necesidades individuales de cada uno, ni la imposibilidad de clasificar un alimento en una única categoría en lo que a macronutrientes respecta. 

Tras estos ejercicios, nos mandaron a calcular nuestro Índice de Masa Corporal en un sitio web. Fue entonces cuando empezamos a compararnos entre nosotros, la gente burlándose de aquellos a los que les había salido “demasiado alto”, entre ellos yo misma. El médico siempre me había dicho que mi peso era saludable, pero para aquel sitio web del libro no lo era. Recuerdo al profesor paseándose mesa por mesa, viendo lo que le había salido a cada uno, y la cara de desaprobación que puso cuando vio mi IMC de 21,5. Ese número también era más alto que el de mis compañeras, y fue entonces cuando empecé a pensar que necesitaba adelgazar. 

También se mencionaba la actividad física. Diferentes actividades se clasificaban como “ligeras” “intermedias” o “vigorosas”. “¡Que levante la mano el que haga actividad física ligera!” -y así con todo. Lo cual no hizo más que causar comparaciones entre los alumnos, provocándome un sentimiento de culpa al practicar los deportes que me gustaban, porque no eran lo suficientemente “vigorosos” y no quemaban suficientes calorías. 

En un libro sobre calorías, peso y comida hay que mencionar los TCA, ¿no?. Había una sección sobre trastornos alimenticios en el libro: testimonios de gente con trastorno por atracón, bulimia, anorexia y otros como ARFID o PICA. No me malinterpretéis: estoy 100% a favor de la divulgación sobre estos trastornos, creo que es esencial que nos eduquemos sobre estos temas. Pero la campaña de concienciación no estaba bien planteada en este libro. Los testimonios eran de gente con la enfermedad muy desarrollada, que habían pasado años en hospitales por desnutrición. Esto, más que ayudar  a concienciar sobre los peligros de la enfermedad, me hizo pensar que los comportamientos que empecé a desarrollar en aquel entonces no eran desordenados (cuando sí lo eran), porque no eran tan extremos como los descritos en los testimonios, lo que me impidió pedir ayuda. Al final, lo que consiguió fue estereotipar aún más los TCA. En vez de ayudar a romper los mitos explicando por ejemplo que la mayoría de casos de anorexia no se dan en cuerpos con infrapeso, los perpetuó. 

La cosa no acababa ahí: había un apartado donde tenías que calcular el número de calorías que contenía un pedido común de McDonalds. Incluso las del ketchup se contaban. Recuerdo jurarme a mí misma aquel día que nunca pisaría una hamburguesería otra vez, y que si lo hacía no volvería a comer. 

Todo esto era reforzado por Educación Física: asignatura en la que nos hacían pesarnos, llevar el registro del peso en una hoja y decían los pesos en alto, delante de todos.  

Y aquí estoy, tres años más tarde, escribiendo esto, tras dos años de tratamiento por anorexia y con un largo camino por recorrer todavía. Quería escribir esto para denunciar la situación que viví en su momento, que sin duda colaboró en el desarrollo de este  problema que me ha robado la alegría. Y no soy la única persona cuyo TCA  se ha visto afectado por este tipo de proyectos. 

Es lamentable que adolescentes de trece años ( edad especialmente susceptible en cuanto al desarrollo de TCAs) tengan que exponerse a esto. Es vergonzoso  que conductas fuertemente  asociadas con trastornos de la conducta alimentaria  como pueden ser contar calorías o llevar el registro del peso  sean promovidas en la escuela, que debería ser un espacio seguro.Y aún más que se haga en nombre de la salud.  La gordofobia en este tipo de iniciativas es enorme, por no hablar de la educación nutricional escasa y en parte errónea que se proporciona. Y no hablo solo del libro que me dieron a mí ( EKI Proiektua  DBH2 “Healthy U”). Se sigue enseñando a contar calorías y se sigue pesando a la gente en todas las escuelas de España.Se siguen clasificando los alimentos como buenos y malos y se sigue demonizando alimentos.  La educación nutricional y la concienciación sobre los TCA es indispensable: pero hay que hacerlo bien, trayendo  a nutricionistas y psicólogos especializados en TCA para hablar del problema, por ejemplo. Desde luego así no. 

 Esto tiene que cambiar ya !