
ULTRASATURADOS
Creo que el título del último libro que he tenido entre manos nos define perfectamente como sociedad: Ultrasaturados.
"Ultrasaturados. El malestar en la cultura de las pantallas" es un ensayo de Juan Carlos Pérez Jiménez que analiza cómo la omnipresencia de las pantallas en nuestra vida cotidiana afecta nuestras relaciones y percepción del mundo.
A lo largo de sus 5 capítulos y con el prólogo de Iñaki Gabilondo, Juan Carlos se adentra en la influencia que tiene sobre nosotros como individuos y sociedad, la exposición continuada y sin sentido crítico a las pantallas y su contenido.
El autor describe la compulsión electrónica, el cómo nos hemos vuelto dependientes de dispositivos electrónicos, buscando constantemente distracciones que nos alejan del presente y de interacciones reales. Un intento de huida de lo real, ya que nos encontramos en la sociedad del no dolor propio, pero como espectadores sin freno del dolor ajeno. La compulsión electrónica se presenta como un anestésico social, un bálsamo que nos paraliza y nos absorbe.
Pérez Jiménez también aborda cómo las redes sociales han transformado la forma en que nos presentamos y relacionamos entre nosotros. En la actualidad, "ser, es ser visto", parece que no hayamos vivido nada que no hayamos publicado o compartido, nos sentimos vivos tras tener la confirmación de otros de estarlo. Esta constante exposición y búsqueda de validación genera diversos desajustes y problemas psicológicos ya no solo en adolescentes, sino en cualquier franja de edad expuesta a esta trama.
El ensayo relata de forma muy acertada la realidad actual y creo necesaria una educación tecnológica y digital, ya no solo para los más pequeños o jóvenes, sino para todas las franjas de edad, ya que muchas veces culpados a los más pequeños sin ser conscientes de nuestra propia responsabilidad ante ellos.
Me alegra escuchar que en los colegios no son sólo los alumnos quienes realizan los retos de “una semana sin teléfonos” sino que se suman también los profesores, me alegra escuchar que en casa los teléfonos móviles tienen un lugar y que la familia convive relacionada, me alegra ver que los niños jueguen, que los adultos conversen y que exista una corriente que grite con fuerza la necesidad de la vida analógica, de la vida real.