ACOMPAÑAR EN EL DUELO

Casi todos nosotros nos hemos visto en la situación de acompañar a una persona que queremos en el proceso de duelo, y muchas veces nos surgen dudas comunes sobre el qué decir, que hacer o que evitar a toda costa.

Dado que no hemos recibido ninguna educación entorno a la muerte ya que todavía en nuestra sociedad se considera tabú este tema, nos vemos indefensos y sin recursos. Obviamente cada uno de nosotros hemos vivido situaciones diferentes relacionadas con la muerte, y nuestra relación y por consiguiente nuestra actitud hacia ella será diferente, pero en la mayoría de los casos se repiten las mismas inquietudes.

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La escucha comprensiva, la aceptación del dolor y el acompañamiento sin exigencias serán de gran ayuda para quien se encuentre en duelo. Muchas veces nos da miedo preguntar sobre lo ocurrido, o sobre cómo se siente la otra persona, pero si asemejamos el proceso de duelo a la limpieza de una herida. La ayuda puede ser enormemente dolorosa al principio, pero poco a poco el sufrimiento disminuye y se aleja el riesgo de una complicación en el proceso de cicatrización.

A veces suele ser más práctico hablar sobre qué actitudes NO serán de ayuda para aquél ser amado que se encuentre viviendo un proceso de duelo:

  • No imites las actitudes de los demás o no pienses en las cosas que “siempre se han hecho”. Como hemos mencionado anteriormente, no hemos sido educados en la muerte y muchas de las actitudes que tenemos no son de ayuda.
  • No hagas más de lo que sientas. No te fuerces a decir, ni hacer nada que no te nazca.
  • Deja a un lado las frases hechas como: “Tienes que olvidar”, “El tiempo lo cura todo”, “Sé fuerte”, “Ahora solo piensa en los niños”, “Solo mira hacia adelante”…
  • No te empeñes en que deje de llorar, o en animarlo. El duelo de cada uno es personal e intransferible, por lo que cada uno necesitaremos nuestro tiempo para expresar el dolor.
  • No pienses en que obligatoriamente tienes que decir algo, a veces el mayor apoyo puede ser un abrazo, o permanecer a su lado en silencio. También puede ser de gran ayuda colaborar en las tareas diarias hasta que el ser querido se recomponga un poco.
  • Nunca interrumpas la expresión del dolor de la persona en duela. Dicha expresión es necesaria para la elaboración de un duelo sano, por lo que, si no te encuentras cómodo ante dicha situación, retírate o intenta ayudar de otra forma.

Hace varios años leí una carta en un libro sobre los procesos de duelo titulada Carta a mi mejor amiga, que me gustó mucho y quisiera compartir con vosotros ya que puede hacernos reflexionar sobre nuestra forma de ayudar a una persona que se encuentre en dicha situación.

“Por favor, quiero que sepas que yo necesito que me sostengas. Aunque no te lo diga y aunque a veces te diga que no.

Puede que por el momento no sea capaz de pedirte ayuda porque estoy bastante aturdida, pero siempre preciso saber que estás ahí.

Tienes que saber que yo no espero que me hagas sentir bien ni que hagas que desaparezca mi pena. En este momento nadie puede.

Lo que necesito es que me ayudes a calmarme, que aceptes mi dolor y que seas tan sabia como para soportar tu impotencia cuando no te deje ayudar.

Si no puedes llamarme porque no soportas tu dolor o no quieres aguantar el mío, dímelo. Yo lo voy a entender mejor que si pusieras excusas de todo tipo.

Espero que puedas entender mis enojos y perdonar mis exabruptos.

No eres tu ni los demás los que me enfadáis, sino el saber que he perdido para siempre a quien más quería.

No trates de evitar mis lágrimas. Verme llorar puede ser duro para ti, pero es un modo saludable de expresar un poco de mi pena.

Te aseguro que llorar es bueno para mí, por eso cuando me encuentres llorando trata de sentarte a mi lado y dejarme llorar al lado tuyo, ese será un gran consuelo.

No trates de conformarme comparando mi pérdida con otras “peores”. Mi pena es mía e intransferible.

No me digas que imaginas como me siento, nadie puede. En todo caso, por favor, pregúntame cómo me siento hoy y yo trataré de contarte.

No me pidas que “deje esto atrás, que olvide y que siga adelante con mi vida”. Esta es mi vida y entiéndeme si no puedo compartir los momentos felices que estás viviendo, de verdad que me gustaría poder.

Si quieres de verdad hacer algo conmigo, intenta ofrecerme encuentros específicos, un almuerzo, una tarea hogareña, una hora libre…yo estoy demasiado herida para poder pensar más allá de hoy o para decidir un plan atractivo.

Necesito hacer el duelo, necesito ser yo y necesito no olvidar. Solo quiero encontrar un amanera de recordar en paz.

Te pido que me abraces, que me toques el pelo y que me digas que cuento contigo, que puedes cuidarme y que quieres acompañarme en este camino.

Finalmente, amiga querida, te ruego que aceptes mi duelo sin interferir y que admitas mi sufrimiento sin resistencias. Siempre recordaré el amor sanador que me ofreciste “

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Maria Zunzunegi

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